El reto de gestionar talento: la experiencia de Cerolini & Ferrari

Por El Cronista Comercial

En todas las empresas de todas las industrias se repite a modo de slogan aquello de la impotancia que tiene el talento. En las de servicios en particular, el hit es decir que el capital se va todas las noches por el ascensor y no se sabe si regresa al día siguiente.

Más allá de frases célebres, el desafío de atraer, desarrollar y gestionar talento sigue buscando fórmulas para ser efectivo, sobre todo en un mercado como el de la abogacía, con más de 130.000 profesionales matriculados en la Capital Federal.

En este contexto, entender al talento como un “bien escaso” se hace difícil , aunque es cierto que los estudios jurídicos corporativos ya no son un imán.

De hecho, hoy, con suerte, son solo una opción más de las variantes laborales que ofrece el mercado, en competencia directa con la administración pública, los tribunales, las empresas y la tan preciada autonomía (millennials mediante).

De allí que el modelo que encontraron en Cerolini &Ferrari Abogados tenga mucho de acierto, adaptando las oficinas a las necesidades de las nuevas generaciones, para que no solo quieran volver al día siguiente, sino también quedarse.

Siendo los propios socios representantes de una generación que impuso cambios en las formas de liderazgo y gestión empresaria, en su última mudanza tuvieron muy en cuenta las cosas que no deberían ir en un espacio de trabajo.

“La búsqueda y retención de talento es uno de los principales desafíos de las firmas de servicios jurídicos hoy en día. Los millennials rompieron los esquemas establecidos por generaciones anteriores y este reto se ve potenciado en una industria conservadora como es la de los estudios de abogados”, reconocen Agustín Cerolini y Matías Ferrari, name partners de la firma.

El ejemplo ya clásico es el de los espacios abiertos que tanto gustan en la arquitectura empresarial contemporánea, en parte por la sensación de horizontalidad, en parte para abaratar costos.

En este estudio, por lo pronto, se ve un mix entre la apertura, las salas de reunión y las oficinas cerradas vidriadas. Y es que “por más buena onda que haya, a nadie le gusta trabajar compartiendo el escritorio con su jefe”, se les escucha decir a los socios, con mucha dosis de verdad.

Así, las instalaciones buscan reflejar la cultura de la firma, alejándose de la “dinámica excesivamente formal de los estudios jurídicos tradicionales que quedó desfasada con los valores que hoy son necesarios en una organización”, evalúan.

“Nuestro principal objetivo es que el equipo se sienta realmente a gusto en su espacio de trabajo. Esta idea derivó en la inclusión de espacios de trabajo colaborativos, livings y otros amenities elegidos por los propios abogados: metegol, videojuegos y hasta un casco de realidad virtual”, cuentan.

Es, dicen, “solo el comienzo”, pero tener en cuenta las preferencias del equipo de trabajo es, sin dudas, un buen comienzo.